
Las trincheras de Torrente
Juanma Ponferrada
Era esperable. Santiago Segura es inteligente y sabía que cada mochuelo se iba a volver a su olivo con la ristra a cuestas después de noventa minutos de sesión. Por cierto, cada vez está más caro e imposible disfrutar de una. Quizás por eso el récord de recaudación. A lo que iba, que cada cual se ha llevado a su trinchera el argumento —los de un lado y los de otro—.
Al principio choca, porque es normal. Vito Quiles y compañía no son platos de buen gusto, y menos para un periodista. Pero tienes que comer y, una vez hecha la digestión, te das cuenta de que en realidad no está tan mal que aparezca en la película. Ni él ni otros tantos, y no tengo por qué estar "blanqueando al fascismo", como han llegado a berrear algunos atrevidos con su dedo acusador.
"Es una sátira de lo que es la sociedad española, Vito encaja", me dijo mi amigo Pedro el otro día tras salir de la sala. Y joder, es que no puede ser más cierto. José Luis Torrente es ese personaje zafio, tosco, machista, racista, fascista y muchos "istas". Ese personaje existe. En cada barrio hay uno, aunque cada vez parezca más que hay uno por cada metro cuadrado.
¿Por qué no iba a ir a verla? ¿Para no darle dinero? Lo va a ganar igual, la película está siendo un fenómeno. ¿Porque hay personas que no me gustan? Me pasa donde estudio, y también en este periódico. No voy a corresponder el éxito de Torrente presidente con lo que estoy a punto de decir, porque no sería honesto, pero la trama ya no es una parodia. Es una literalidad. Es la representación más presente de una política soez con el descaro y desvergüenza suficiente como para introducir en las filas de un partido —en este caso Nox, la parodia de la formación ultra—a un loco con ínfulas de poder con un único fin populista. Y funciona.
Ya sabemos que la realidad ha superado la ficción y no queda más remedio que recurrir a la exageración. En este último sustantivo podría resumirse la obra. "Cualquier parecido con la realidad es una putada", nos advertía el filme en su inicio. No crean que ahora una generación de jóvenes se harán de ultraderecha. Porque sí, habrá quiénes en un nada sorpresivo ejercicio de su incapacidad intelectual crean que Torrente es una figura a quien seguir, vitorear e incluso imitar. No teman, de verdad. Con esa gente ya estaba todo perdido.


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