
Una traición artística disfrazada de cine

La última adaptación cinematográfica de Cumbres Borrascosas, con Jacob Elordi y Margot Robbie al frente, prometía una reinterpretación atrevida de la novela gótica de Emily Brontë. En lugar de eso, lo que ha llegado a la pantalla es un producto que se siente vacío, superficial y profundamente desconectado de la esencia de su fuente literaria.
Un guion desastroso
Aunque muchos fans afirman que es una simple “inspiración” del libro, la película se juzga por sí sola. No fracasa por su infidelidad literaria. Fracasa por que es, sencillamente, una película mal construida. El mayor problema es el guion. La historia avanza a trompicones, sin una progresión emocional clara. Las motivaciones de los personajes cambian según convenga a la escena, no porque estén bien desarrolladas. Discuten, se desean, se odian y se reconcilian sin que el espectador entienda realmente por qué.
No hay construcción dramática: las escenas clave llegan sin preparación y se resuelven sin consecuencias. Es como si la película creyera que con música intensa y miradas prolongadas basta para generar profundidad. Nada más lejos de la realidad.

La fallida estética grandilocuente
Visualmente, la película está obsesionada con parecer importante. Abundan los planos largos con viento agitando ropa y cabello, las composiciones simétricas y la iluminación dramática. Pero es una estética forzada, casi publicitaria.
Cada escena parece diseñada para un tráiler o para Instagram, no para contar una historia coherente. El resultado es agotador. Después de la tercera secuencia de cámara lenta con música intensa, el impacto se diluye por completo.
Por si no fuera poco, la película se siente larga y se hace pesada. Las escenas se estiran innecesariamente, y cuando el clímax llega, no impacta, pasa desapercibido. El mayor pecado de la película es que quiere que sientas algo sin ganárselo. Si no fuera por su escenografía forzada, podríamos intuir que el diálogo fue escrito por un niño de 13 años sobre su idea de un amor tóxico.
Esta película no es polémica ni provocadora. Es pretenciosa y vacía. Tiene ambición estética, sí, pero carece de coherencia narrativa y de dirección emocional sólida. No es una película intensamente romántica. No es un drama devastador. No es una tragedia poderosa. Es un ejercicio de estilo que se queda en la superficie. Aunque, desde luego que, si la intención del espectador es pasar un rato ameno y soltar alguna que otra carcajada en el cine, la mejor elección es esta peli. Ya cada uno decidirá, después de verla, si llamarla Cumbres Borrascosas o “Bochornosas”.


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