
«Donde acaba el sur»

Feliz Día de Andalucía. Feliz día al personaje tonto. Al vago. Al que habla gritando y gesticula demasiado. Feliz día al acento que sufre discriminación cuando cruza Despeñaperros pa’rriba. A quienes tenemos que explicar, una y otra vez, que se dice traje de gitana y no “de flamenca”. Y, de primero, feliz día a los que no sabemos contar. Ah, no, así no era. Un momento. Uno, dos, tres, cinco…
A los andaluces se nos permite ser simpáticos. Se nos tolera la gracia. En nuestras ferias no cabe ni un alfiler; tanto, que han decidido montar una de portátil en Madrid. Lo que parece impensable es que se nos tome en serio: el acento sirve para el chiste y resulta entrañable en una comedia, pero incomoda en el consejo de administración y es sospechoso en un debate.
En definitiva, en España el acento es una forma de colocarte en una escala y nuestra cultura se convierte en atrezo a su antojo y, cuando no conviene, les estorba. Veréis: Andalucía no es un personaje secundario ni un alivio cómico. Tampoco es una postal con farolillos colgada en la pared de un piso turístico. Somos una comunidad compleja, orgullosa y cansada de que se nos reduzca constantemente. Imitarnos un fin de semana es facilísimo, pero reconocernos como iguales el resto del año, en cambio, parece una batalla.
No les culpo, hay que entenderles: la Alhambra de Granada, las playas de Cádiz, la gastronomía de Córdoba, la Semana Santa de Sevilla, el clima de Málaga, el entorno natural de Huelva, el aceite de Jaén y esa tierra de cine que es Almería.
Ya me jodería no ser andaluza. Ojú.




![[2026_2_27] IMG_3468-2](/download/multimedia.normal.a4db6788e8ea40ca.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)


Podemos se integra 'in extremis' en Por Andalucía: "La peor noticia para Moreno Bonilla"

Así se ve la Tierra desde el espacio en la misión Artemis II


Un Moreno "a la carrera" en plena Semana Santa


