
Perdiendo el norte, el sur, el oeste y la cabeza
Jorge Pérez
Señor, no sea usted insensible con el conflicto, ¿acaso no aprecia que la magnitud es tal, que impide al Gobierno cumplir con sus obligaciones?
Produce, cuanto menos, un gran rechazo la idea de un Ejecutivo que se reduce a sí mismo a campañas contra el adversario. Que, en lugar de llegar a acuerdos con la mayoría parlamentaria, se dedique a desprestigiar a un grupo de autodestructores y dar siempre con la imagen de mártires de la democracia. Nos sueltan como un cebo que los presupuestos no se han ni presentado en tres años por un conflicto que lleva veinte días en la palestra. Y, digo yo: acaso, con la que está cayendo, ¿no convendría tener un mínimo más de previsión ante este tipo de vorágines internacionales? Queda vistoso de cara al escaparate todo eso de 'psoeizar' a Trump, el "no a la guerra" y limitar el uso de las bases españolas, pero si se les ocurriera mañana generar un nuevo conflicto explosivo en cualquier dictadura teocrática o bolivariana de cuyos recursos naturales dependamos —cosa totalmente predecible—, no tengamos que pagar durante un mes todas las consecuencias.
Cuando el caso Koldo no había prescrito en la mentalidad colectiva y todavía se hablaba de una trama que ha mandado a dos miembros del Gobierno al talego por presunta organización criminal, Sánchez salió con una promesa de presentar un proyecto de cuentas públicas antes de la finalización del año. Cuando se cumplió el plazo y, por ende, se incumplió la promesa, Montero aseguró que el plan de Presupuestos sería una realidad antes de acabar marzo. El jueves la escuchábamos decir, en resumidas cuentas, que no era una prioridad, como sí lo han sido las tres campañas políticas autonómicas. Ya se sabe que no se van a aprobar y es por lo que lo consideran una verdadera pérdida de tiempo. Que algunos nacionalismos periféricos van contra los intereses de la soberanía y prefieren venderlos a cambio de chantajes y pataletas. Sin embargo, nunca está de más replantearse si estas discordias son de un verdadero interés popular.
Por otro lado, el ministro de Transportes, Óscar Puente, podría cerrar la boca e instalarse un bloqueador de redes sociales para no distraer su dopamina de sus verdaderos cometidos. La deriva partidista y servil de algunos medios y grupos informativos no debe ser, ni mucho menos, una de las quinientas primeras inquietudes del encargado de la cartera más problemática y cuestionada de la legislatura. Sean 1.300, 2.000, o cinco duros, es catastrófico que en Andalucía, por falta de mantenimiento, mal estado, irresponabilidad o temeridad política, llevemos el peor inicio de año en cuanto a movilidad ferroviaria se refiere.
La única solución que tiene un Gobierno de defender su cabeza ante los nacionalismos del Norte, un Oeste imperialista y un Sur decepcionado, es gestionar y arreglar sus destrozos lo que queda de legislatura.



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